La lepra y Lashón Hará, ¿tienen algo en común?

PARASHÁ TAZRÍA - METZORÁ

VAIKRÁ (LEVÍTICO) 12:1 – 15:33

24/04/2020 | Por: Moré Iojanán ben Kefa

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Encendamos nuestra luz

La luz debe ser a perpetuidad, esto quiere decir que vivir en la voluntad del Eterno no es solo por temporadas, solo en Shabat, sino debe ser un esfuerzo continuo

Dime qué comes y te diré quién eres

 

La Parashá Sheminí nos trae un capítulo entero que trata sobre la dieta que el ser humano debe consumir.

Esta porción de la Torá nos introduce en algo que, además de ser un poco confuso, es fascinante por lo que encierra.

Nos habla de las impurificaciones, de una enfermedad a la cual las traducciones identifican como la lepra, lo cual no hace honor a su real significado.

Nos enseña cómo debe ser el comportamiento del hombre en su relación y servicio a Di-s, y a su vez en su relación con el prójimo.

La Parashá Tazría, la primera porción, nos relata el proceso que se debía seguir para declarar a una persona o una cosa impura. Inicialmente, nos habla del tiempo que una mujer debía guardar, después de dar a luz, antes de volver al tabernáculo de reunión y posteriormente al Templo. Luego nos introduce al tema de la lepra y cómo esta podía afectar tanto a objetos, como a personas. Se nos habla de cuando aparecía la afección o la llaga, las señales que debía tener para ser declarado impura la persona o el objeto. Sin embargo, los sabios antiguos nos hablan que siempre aparecían las manchas o llagas en la casa, luego en los objetos, después en la ropa y por último en las personas. Cuando una persona era declarada impura por esta afección, era separada de la comunidad y se llevaba a un lugar fuera del campamento hasta que se curara.

Así leemos un pasaje de esta porción "Leproso es, es inmundo, y el sacerdote lo declarará luego inmundo; en su cabeza tiene la llaga. Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada” (Lev. 13:44-46)

Este pasaje nos muestra la gravedad de la afección, pues al parecer era contagiosa.

Ahora, miremos este punto muy interesante, pues el sacerdote no era médico, él solo debía declarar la pureza o impureza del afectado.

Encontramos el siguiente significado de la lepra: “Enfermedad infecciosa crónica curable que provoca, principalmente, lesiones en la piel y daños en los nervios. La lepra es una infección ocasionada por la bacteria Mycobacterium leprae. Afecta principalmente a la piel, los ojos, la nariz y los nervios periféricos. Los síntomas incluyen lesiones claras o rojas en la piel, sensibilidad reducida y entumecimiento en las manos y los pies. La lepra puede curarse en un plazo de entre seis y doce meses con un tratamiento compuesto por varios fármacos. El tratamiento temprano evita la incapacidad.”

Pero la Torá no nos dice nada al respecto de esta enfermedad, ni de su tratamiento, solo nos dice que debía ser apartado hasta que la afección pasara. Debido a esto los sabios entendieron, basándose en pasajes de la Torá, que esta era consecuencia que un pecado muy grave que en hebreo es conocida como Lashón Hará (Lengua mala), es decir, cuando una persona empezaba a hablar mal de su familia, de su comunidad, del prójimo, etc., las señales iniciaban y se manifestaban en objetos, como la casa , la ropa, etc. Eso era un aviso para que la persona recapacitara y dejara la maledicencia, si finalmente persistía en su maldad, en el chisme y el engaño, la afección lo tocaba y era inmediatamente llevado fuera del campamento, hasta cuando sanara. Esto sucedía, cuando por fin en su corazón se arrepintiera delante del Eterno.

Una de las señales que nuestro pueblo esperaba del Mesías es que fuera capaz de sanar a un leproso, pues no existía medicina para es te mal, y nuestro Santo Maestro Ieshúa lo hizo, no solo una vez, sino varias veces; en una ocasión sanó a 10 afectados al mismo tiempo. Este pecado de la mala lengua era la causa de esta terrible enfermedad (Tzaraa), era tan contagiosa que podía afectar a los demás, porque el chisme y el mal hablar contagia fácilmente a todo el mundo, no solo al que habla, también al que escucha.

 

Por eso el evangelista Iacob, en su carta nos enseña: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.  ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.” Santiago 3:1-12

Ahora podemos entender un poco más todo lo que sucede en este mundo y en esta era tecnológica. Las redes actúan en lugar de las lenguas, alguien sube una información falsa y todos lo creen, y la comparten tantas veces que finalmente infectan a todo el mundo. Es el momento de parar, de reflexionar, de dejar de hablar de nuestros seres queridos, de nuestras familias, de nuestras comunidades, de nuestros rabinos y maestros, de nuestros dirigentes, de nuestro Eloha. Es el momento de recapacitar, para poder hacer de este mundo un mejor sitio para vivir.

¡Shabat Shalom!

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Judaísmo Netzarita. Desde Bogotá D.C., Colombia, con amor por y para el pueblo de Israel. Somos creyentes en el Eloha de Israel y en Ieshua ben Iosef como Mashiaj. En busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel.

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