ENCENDAMOS NUESTRA LUZ

PARASHÁ TETZAVÉ (SHEMOT - ÉXODO 27:20 – 30:10)

05/03/2020 | Por: Moré Iojanán ben Kefa

“Y tú ordenaras a los hijos de Israel que tomen para ti aceite de oliva puro, prensado, para el alumbrado, para encender la candela continuamente.

En la Tienda de la Cita, fuera del Velo que está junto a las Tablas del Testimonio, Aharón y sus hijos la arreglarán de la noche a la mañana.”

Con estos versículos inicia la porción que estudiamos esta semana, donde se ordena que los hijos de Israel deben traer el aceite para el encendido de la Menorá (Candelabro de siete brazos ubicado en el tabernáculo). Pero veremos que tiene una característica especial, debe ser prensado. Los sabios enseñan que, para extraer el aceite del alumbrado, se tomaba la oliva y se prensaba, la primera gota que salía, esa era la apta para el alumbrado, el resto de aceite que salía, cuando se terminaba de machacar era usado para los sacrificios.

También podemos ver que el candelabro estaba asociado al Arca del Testimonio, aunque no compartían el mismo recinto, estaba asociado, pues solo les separaba el Velo. “En la Tienda de la Cita, fuera del Velo que está junto a las Tablas del Testimonio, Aharón y sus hijos la arreglarán de la noche a la mañana.”

Otra característica es que los hijos de Israel debían producir el aceite, allí no vemos que sea una tarea exclusiva de los sacerdotes, sino de toda la comunidad de Israel. Pero el arreglo y el encendido de la Menorá correspondería solo a Aaron y a sus hijos, era una labor exclusiva.

En cuanto al objetivo del alumbrado del candelabro los sabios enseñaron que no era necesaria para la presencia divina, sino para iluminar a quienes ingresaban al Mishkan.

Dice nuestro versículo que estamos estudiando “para encender la candela continuamente” en hebreo NER TAMID, o luz perpetua, es decir que nunca se apagaba. Ante esto veremos que también existen varias posiciones; por ejemplo, Rashí comenta que la Menorá solo debía estar encendida en la noche, continuamente, pero solo en la noche, mientras que otros comentaristas ven este versículo que la lámpara central del candelabro debía permanecer día y noche encendida, a perpetuidad.

Teniendo en cuenta todas características en cuanto al alumbrado del candelabro, no podemos dejarlo como un ritual que en este momento ya no tiene vigencia, al contrario, debemos mirar cómo lo pondremos en práctica para nuestra vida.

Y es en este momento cuando recobra vigencia las palabras de nuestro Rebe Ieshúa HaMashiaj.  “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mt 5:14-16

Lo primero que debemos entender es que, si somos comparados con la luz, esta luz debe ser de la más alta calidad, como el aceite que se utilizaba, la primera gota, esa gota que no está adulterada, que no tiene sedimentos, y esa gota es la Torá del Eterno, esa es la que nos da la verdadera luz para andar por la buena senda. No podemos vivir conforme a la voluntad de nuestro Padre Celestial con una escritura adulterada, llena de sedimentos y de interpretaciones que nos alejan de su propósito.

Segundo, así como la recolección del aceite para el encendido estaba a cargo de los hijos de Israel, de la misma manera el estudio de la Torah debe ser entre la comunidad, esta no puede ser de interpretación privada o lo que a una persona se le ocurra, es deber de todo hijo de Israel y seguidor de nuestro Rebe, esforzarse en estudiar las escrituras y participar de su estudio.

Tercero, el arreglo del candelabro y el encendido estaba a cargo de solo un grupo especial, ya no de todos los hijos de Israel. Esto nos enseña que, aunque participemos activamente en el estudio comunitario de la Torah, es solo responsabilidad nuestra como individuos su aplicación y vivir delante del Eterno según hemos aprendido; aquí la responsabilidad no es colectiva, es individual.

Como explicamos antes, la luz debe ser a perpetuidad, esto quiere decir que vivir en la voluntad del Eterno no es solo por temporadas, solo en Shabat, sino que debe ser un esfuerzo continuo, de cada momento, en la noche y en el día, esa luz de la Torah nunca se debe apagar.

Y, por último, el encendido de la Menorá tenía el propósito de alumbrar a los que ingresaban a la tienda de reunión. De la misma manera nuestra luz debe servir para alumbrar a nuestro prójimo, a nuestra familia, a esta sociedad que anda en tinieblas. Que la luz de la Torah nunca se apague de nuestras vidas y que alumbre al mundo entero.

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

¡Shabat Shalom!

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